La lección de Les Gavarres: Por qué la biomasa es la pieza que falta para salvar nuestros bosques de los incendios
El reciente incendio que ha afectado al macizo de Les Gavarres, en el Baix Empordà, calcinando más de 2.200 hectáreas, ha vuelto a confrontar a nuestra sociedad con una de sus realidades más dolorosas e inevitables del verano. Las imágenes de las llamas devorando nuestros paisajes, las evacuaciones preventivas y la admirable labor de los cuerpos de emergencias nos dejan con un profundo sentimiento de desolación, pero también de frustración e indignación profesional.
Desde Termosun, como distribuidores oficiales de la tecnología de biomasa HERZ en España y profesionales firmemente comprometidos con la transición energética, no podemos quedarnos en silencio ante un ciclo de destrucción que se repite año tras año. Es hora de hablar con absoluta contundencia: los incendios forestales no se apagan en verano; se evitan e impiden durante el otoño y el invierno a través de una gestión forestal activa.
El mito del "bosque sucio" frente al continuo forestal
A menudo se cae en el error conceptual de decir que los bosques "están sucios" debido a la maleza, el sotobosque o las hojas secas. Un bosque no está sucio por albergar vida vegetal secundaria; lo que realmente ocurre en zonas como Les Gavarres —y en la gran mayoría de la geografía de la península ibérica— es la consolidación de un continuo forestal masivo provocado por décadas de abandono rural.
Históricamente, los campos de cultivo, el pastoreo y actividades como la explotación tradicional del corcho (muy arraigada en el Empordà) creaban un mosaico agroforestal resiliente. Al desaparecer estos usos tradicionales sin un reemplazo de gestión activa, el monte se ha densificado sin control. El resultado es una cantidad ingente de biomasa acumulada: toneladas de madera muerta y matorrales que actúan como un polvorín continuo. Ante condiciones climáticas adversas, cualquier chispa encuentra un camino ininterrumpido para desatar un incendio forestal de consecuencias catastróficas.
"Considerar la limpieza y el mantenimiento del bosque como un mero coste o un capricho estético es el gran error de planificación territorial de nuestro siglo. Es una necesidad urgente de seguridad, protección de la biodiversidad y soberanía local."
El laberinto administrativo: cuando querer prevenir se convierte en un calvario
A la falta de recursos para gestionar el monte se le suma, lamentablemente, un obstáculo silencioso pero devastador: la asfixiante burocracia estatal y autonómica.
Hoy en día, un propietario forestal privado que decide, de manera responsable, limpiar sus terrenos y realizar trabajos preventivos de desbroce o aclarado antes de que llegue la temporada de peligro se topa con un muro de papeleo interminable. Solicitudes de permisos que se eternizan durante meses en los despachos, normativas hiperreguladas y una falta de flexibilidad que desincentiva cualquier acción voluntaria.
Nos encontramos con situaciones paradójicas e indignantes. A menudo, los proyectos de limpieza se paralizan o prohíben por la presencia puntual de un nido de un ave protegida, o porque la tala selectiva afecta a ciertas especies de árboles rígidamente blindadas por la administración. Es lícito y necesario proteger la fauna y la flora, pero la falta de sentido común y de una visión de conjunto es alarmante: por salvar un nido de forma ultraproteccionista sobre el papel, la parálisis administrativa condena a todo el ecosistema —incluido ese nido— a desaparecer bajo un mar de cenizas real.
La burocracia no puede ser el escudo de la inacción. Necesitamos urgentemente simplificar los trámites y agilizar las autorizaciones para que los propietarios puedan proteger sus tierras sin sentir que están cometiendo un delito administrativo por el simple hecho de querer evitar una catástrofe.
La biomasa: el motor económico de la prevención
La prevención activa del territorio contra los incendios tiene un coste económico significativo. Las administraciones públicas y los propietarios forestales privados no siempre disponen de los presupuestos necesarios para sostener estas tareas a lo largo del tiempo.
Y es precisamente aquí donde la bioenergía de proximidad ofrece una solución brillante y autosuficiente. La biomasa forestal no es un residuo molesto que deba eliminarse mediante quemas in situ; es un recurso energético de primer nivel. Al transformar los restos de la limpieza preventiva en astilla forestal estandarizada y de calidad, logramos un triple beneficio:
- Financiar los trabajos selvícolas: La venta de la madera y las ramas resultantes de las tareas de prevención cubre el coste de las propias limpiezas del monte, haciéndolas viables y sostenibles económicamente a gran escala.
- Fomentar la economía local: Se generan puestos de trabajo estables, dignos y verdes en el sector forestal de las comarcas afectadas, combatiendo de forma directa la despoblación rural.
- Reducir drásticamente la carga de combustible: Cada tonelada de astilla consumida en una caldera representa una tonelada menos de combustible disponible en el monte para alimentar futuros incendios.
Tecnología de alta eficiencia al servicio del territorio
Para cerrar este círculo virtuoso de manera limpia y sostenible, es imprescindible contar con tecnología de combustión que maximice el rendimiento energético minimizando el impacto ambiental. No se trata simplemente de quemar madera; se trata de valorizarla tecnológicamente.
Con las calderas de biomasa de alta gama de HERZ, distribuidas en España de la mano de Termosun, el aprovechamiento térmico de la astilla forestal de proximidad alcanza eficiencias superiores al 90% con unos niveles de emisiones extremadamente bajos, cumpliendo con las normativas europeas más estrictas. De esta manera, convertimos la prevención de incendios en el suministro estable de agua caliente y calefacción para grandes consumidores.
Este es el modelo ejemplar que promueve la campaña europea "Fuel the solution, not the fire" (respaldada por AVEBIOM), donde se destaca cómo la demanda estable de calor de instalaciones y servicios esenciales, como el Hospital de Terrassa o la Universidad Autónoma de Barcelona, actúa como el motor que consume la biomasa extraída de la gestión forestal local. Cuando las empresas y las instituciones públicas deciden cambiar el gas natural o el gasóleo por biomasa, no solo reducen su huella de carbono: están protegiendo directamente los bosques más cercanos.
No podemos controlar el viento ni las olas de calor extremo, pero sí está en nuestras manos decidir cómo se encuentran nuestros montes cuando salte la primera chispa. Gestionar el territorio de manera sostenible y apostar por la bioenergía de proximidad ya no es una opción de futuro: es una obligación del presente.
Súmate a la prevención activa
En Termosun creemos que cuidar el monte es una responsabilidad compartida. ¿Quieres saber cómo implantar sistemas de calor renovable altamente eficientes mediante biomasa forestal en tu proyecto, municipio o industria?
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